La Ballena de Oriñon
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La Ballena de Oriñon

La Ballena de Oriñón

La bajamar de la madrugada del 14 al 15 de noviembre de 1997 propició el varamiento de un rorcual común en la playa de Oriñón. A las ocho de la mañana la Guardia Civil avisó al Museo Marítimo del Cantábrico e inmediatamente un equipo de biólogos se dirigió hacia la playa castreña para intentar salvar la vida de la ballena. Intentar mantener húmedo al enorme cetáceo de casi veinte metros de longitud era el objetivo principal de las numerosas personas que unieron sus fuerzas. Durante más de siete horas Bomberos, Guardia Civil, Policía Local, SEPRONA y Protección Civil hicieron todo lo posible para que este mamífero, de más de cien toneladas de peso, aguantara hasta la siguiente pleamar. Todo fue inútil. La ballena murió a las 15:30 de la tarde.

Durante las siete horas de labores de rescate, cientos de personas se acercaron hasta la playa para prestar su ayuda. Medios de comunicación de toda España y del mundo informaron puntualmente de todo lo que se estaba haciendo por la ballena. Las informaciones no cesaron y toda la sociedad aprendió un poco más las características de la Balaenoptera physalus. A los pocos minutos de su muerte, se presentó la interrogante: ¿qué hacer con los restos después de analizarlos para conocer las causas exactas de su muerte? Hundirlos para que se pudriera en el mar y después recuperar en esqueleto, enterrar los huesos...Estas fueron algunas de las disyuntivas que se presentaron a autoridades y expertos. Tras sopesar las distintas posibilidades, se decidió utilizar el vertedero de Meruelo como depósito natural.

Dos años después, las piezas del esqueleto, del que fuera un macho adulto de dieciocho metros y medio, están siendo estudiadas y tratadas para su conservación en el Museo Marítimo del Cantábrico. Este proceso comenzó inmediatamente después del despiece del rorcual. Los huesos se enterraron en el vertedero de Meruelo ya que de esta forma se conseguían dos cosas: por un lado se evitaba que las piezas, al estar en contacto con el aire, se ajamonaran, y por otro, se conseguía que las bacterias fueran degradando la parte orgánica del esqueleto.

Durante 4 meses se fueron desenterrando las piezas para, una vez en el Museo Marítimo del Cantábrico, proceder a su limpieza. Quitar la materia orgánica asociada al hueso mediante maceración y utilizar cuchillo y bisturí para disociar la carne y los tendones han sido algunas de las técnicas que se han utilizado. Pero, el problema más grande ha sido la grasa. El hueso de los cetáceos es esponjoso, de lo contrario el peso del esqueleto hundiría al animal, y esta impregnado de grasa. La extracción del aceite evita el mal olor y la acumulación de bacterias que producen los ácidos. Este proceso es lento ya que se utiliza el calor del sol para derretir la grasa de forma natural. Asimismo, las piezas pequeñas las hemos hervido.

En un año, después de finalizar completamente el proceso de limpieza y de aplicar los fungicidas, los antibacterianos e impregnarlo de una película antihumedad, la ballena de Oriñón estará lista para ser montada, proceso que puede durar de 4 a 5 meses.



Historia de la ballena


La ballena debió de rondar la ensenada de Oriñón y acercarse a la playa de madrugada. Con la pleamar, que tuvo lugar sobre las siete, se encontró próxima a la orilla, todavía con el suficiente calado para flotar. Pero al bajar la marea se quedó atrapada sobre la arena.

Desde el primer momento de su localización se procedió a baldeo del cuerpo y a cubrirlo con tejidos mojados para mantenerlo húmedo y evitar su deshidratación. Tal era el grado de colaboración de la gente en el lugar, que se formaron cadenas humanas con cubos desde la lejana orilla para acercar el agua, hasta la llegada de una motobomba cedida por los bomberos de Castro Urdiales.
El interés por conseguir con éxito su salvamento se hizo patente en la inestimable colaboración de cuantas personas se desplazaron al lugar, las unidades y responsables institucionales, incluido el Presidente del Gobierno de Cantabria, José Joaquín Martínez Sieso, los cuales ofrecieron los medios que tenían a su alcance para intentar salvar la vida de la ballena. Una labor inestimable fue la desarrollada por el propietario de una pala excavadora, que estuvo realizando, hasta que la marea le alcanzó literalmente, un hueco a modo de piscina alrededor de la ballena. De este modo se consiguió hacer una pequeña charca a su alrededor para facilitar su respiración y reducir su estrés.

Con la marea ya subiendo y cuando alcanza la aleta caudal, el ejemplar comenzó a realizar movimientos convulsivos. A partir de este momento su estado vital era cada vez más débil, por lo que intentaba desesperadamente aprovechar esos movimientos para facilitar su retorno a la mar. Según pasaban los minutos se comprobaba cómo el ritmo respiratorio y las respuestas de la pupila se iban atenuando, haciéndose, por lo tanto, cada vez más preocupante el resultado final. Ante todos los esfuerzos realizados, y cuando el agua ya cubría la mitad del cuerpo, falleció a media tarde. A la hora escasa se consiguió reflotar el cuerpo ya sin vida, y la embarcación El Puntal de SALVAMAR lo remolcó hasta el puerto de Santander.

El día 17 de noviembre el Gobierno de Cantabria tomó la decisón de llevar acabo el despiece, estudio anatómico y recuperación del esqueleto y, asimismo, abrió la posibilidad de colaborar en la operación a otras instituciones españolas e internacionales que lo considerasen interesante.

Ante lo excepcional del caso, ya que tampoco se trataba de diseccionar una sardina o un delfín, se organizaron previamente todos los trabajos a realizar. Participaron un equipo de biólogos, que cuidaron de los criterios científicos, una cuadrilla de matarifes de la empresa MARCANSA, hábiles en el manejo de cuchillos, y los equipos técnicos de la Autoridad Portuaria. Fue necesario contar con diferente material, desde grúas, palas excavadoras y unas barreras flotantes de protección y contención, cedidas gratuitamente por Jaime Piris, para evitar vertidos a la Bahía.

A las ocho de la mañana del día 19 se comenzó la maniobra de varada de la ballena, en la parrilla de Gamazo, cuyas instalaciones fueron cedidas por la Autoridad Portuaria. Una vez en seco se procedió a realizar un completo estudio externo y con unos criterios de urgencia y limpieza absoluta comenzó el despiece del cuerpo, que se desarrolló, prácticamente sin interrupción, hasta última hora del jueves 21.

Durante el estudio del aparato digestivo se detectó la presencia de un objeto extraño situado a la salida del estómago. La consistencia del mismo y la obturación del tracto digestivo resaltaron aún más su interés. Se comprobó que este objeto, mayor que un balón de baloncesto, estaba constituido por diferentes plásticos, muy comprimidos y empaquetados, desde sacos de polietileno, dieciocho bolsas de plástico, pasando por lonas, otros restos de plásticos y un guante de trabajo naranja.

El ejemplar varado era un macho adulto de rorcual común, Balaenoptera physalus, de 18,5 metros de longitud. Es la segunda especie más grande de nuestro planeta. Se conocen hembras de más de 26 metros de longitud. Es un gran nadador, capaz de alcanzar los treinta kilómetros por hora. Suele formar grupos reducidos y frecuenta las aguas alejadas de la costa.

Se diferencia fácilmente de los otros rorcuales por su labio inferior derecho de color blanco, así como parte de las barbas del mismo lado. Los adultos pueden llegar a tener un peso entre las 30 y 80 toneladas, siendo las hembras siempre mucho mayores.

Se alimenta de calamares, gambas y peces pelágicos que forman bancos. Es posible que el sistema de localización por sonido del ejemplar de Oriñón confundiera la masa de plásticos extendidos y flotando en el agua con un cardumen, es decir, con comida.





Jose Luis García Fernández


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Luto en el Cantabrico


-¡Vaya nochecita!- comenta Mateo con Jorge su hijo-. - Si -contesta este-. Desde aquí se escucha la fuerza del oleaje, menudo temporal, pobre del que se encuentre esta noche en el mar.-
-Son ya varios días- dice Mateo-. Pero esta noche parece la peor. Bueno hijo hasta mañana-.
-¡Hasta mañana padre que descanse-.......

Las olas le zarandean como si de un muñeco de corcho se tratara, se siente muy débil y nota en su interior esa opresión que le impide comer, que le causa dolor. Ha perdido el sentido de la orientación y desde hace días todo contacto con el grupo del cual formaba parte. Sin embargo, ahí enfrente unas tenues luces y a veces la luna llena, hacen brillar las crestas de las olas que se estrellan furiosas contra un arenal, hacia el le arrastra la marejada.
Consiguió evitar los escollos contra los cuales le lanzaba el oleaje, pero ahora nada torpemente tratando en vano de luchar contra su fuerza. Una gran ola le impulsa y arroja fuertemente contra la playa, cuando la ola se retira queda tumbado sobre la arena con el agua apenas rozándole en el rápido descenso de la bajamar.
Cada vez es más costoso respirar, un leve sopor le adormece...................
15 de noviembre de 1997, todavía quedan restos de la noche cuando Mateo como todas las mañanas se encamina lentamente hacia la playa.
-¡Vaya! Después del temporal parece que vamos a tener un buen día- se dice a sí mismo- La playa debe de estar espléndida hoy, la marea es muy fuerte y debe haberla dejado muy descubierta-.
Después de cruzar el pueblo, por un corto sendero atraviesa unas pequeñas dunas que señalan el principio del arenal. Apenas ha caminado unos metros cuando su vista se posa sobre algo que se halla sobre la arena, allá a su izquierda, cerca de la canal de la ría.
-¡No puede ser, mis ojos me engañan!- exclama lleno de estupor-
Avanza unos metros mas tratando de asegurarse, pero no le hace falta, ha reconocido aquello que se encuentra en la playa. Dando media vuelta, corre con sus pocas fuerzas hacia el pueblo, despertando con sus gritos a la aún dormida población.
-¡Venid todos! ¡Jorge hijo, salid, corred!. ¡Una ballena, hay una ballena en la playa!-.
Cuando se van acercando alertados por los gritos de Mateo, los vecinos de Oriñón, un tranquilo pueblo de la costa oriental de Cantabria, emplazado en la desembocadura del río Agüera, con asombro comprueban que una gran ballena ha quedado varada en su playa, debido al parecer al fuerte temporal e intenso oleaje de la noche anterior.
Hace unos cientos de años este suceso habría movilizado de tal forma a la población, que esta hubiera acudido a la playa armada de toda clase de objetos cortantes, con el fin de despiezar y aprovechar todo lo que se pudiera del gran cetáceo.
En esta mañana de 1997 la situación es bien distinta, los vecinos de Oriñón que se han acercado hasta el animal, han comprobado que este aún sigue con vida, aunque desconocen su estado real. Por ese motivo han vuelto a sus casas y acuden ahora a la playa portando como armas mangueras cubos, sabanas y mantas mojadas. Jorge, el hijo de Mateo, que es un amante de la naturaleza marina y un gran conocedor de esta, les ha dicho que hay que mantener la piel del animal en constante humedad hasta la subida de la marea, el objetivo es unánime hay que salvar a la ballena.
En el próximo puesto de la Guardia Civil se recibe una llamada.
-¡Sargento! llaman desde Oriñón. Parece ser que ha embarrancado una ballena en su playa. -Sí he comprobado la llamada y no se trata de ninguna broma, hay que avisar a los del SEPRONA-.
De la misma manera se movilizan también Bomberos, Protección Civil, Cruz roja y la Policía Local de Castro Urdiales ayuntamiento al que pertenece Oriñón. También se recibe una llamada en el Museo Marítimo del Cantábrico, allí Gerardo García Castrillo y Cristina Rodríguez biólogos del mismo, se apresuran nerviosos a preparar todo lo que les pueda hacer falta.
-Hay que darse prisa- comentan entre ellos-. La ballena esta viva, pero no sabemos en que estado se encuentra-.
En Oriñón la situación es preocupante, el animal no parece dar señales de vida pero no por ello dejan de rociarle con las mangueras para mantener la humedad, el sol que salió hace rato empieza a calentar con fuerza.
La llegada de Gerardo y Cristina produce expectación entre los presentes. -Son los del Museo, los biólogos- se escucha comentar-. Ellos sabrán lo que hay que hacer-.
Tras un primer reconocimiento, comprueban con alarma que la ballena apenas se mueve y que respira con dificultad, aunque la rápida intervención de vecinos y voluntarios, había impedido que el animal muriera en las primeras horas. También confirman que se trata de una hembra joven de Rorcual común, con una longitud de 19 metros y un peso aproximado de 70 toneladas.
El principal obstáculo para la recuperación del animal es su enorme peso, pues al estar tumbado el esternón que es muy frágil en todos los cetáceos, se encuentra oprimido y le impide respirar con normalidad, a ello hay que añadir el calor del sol y otro gran problema, la pleamar no llegara hasta las 16,30 y aun es mediodía. Para atenuar esta situación se comienza a excavar con una pala mecánica alrededor del cetáceo con el fin de que el agua se vaya acumulando en su entorno.
Mientras tanto los biólogos vierten colirio y suero filológico en los ojos del rorcual que presentan una pequeña infección. Gerardo García es la primera vez que se enfrenta a una situación semejante, se encuentra muy impresionado por la reacción de la gente y muy preocupado por los torpes latidos y la pobre respiración de la ballena, cuya pupila sé esta dilatando. La vida se la escapa poco a poco y la pleamar no llega.
La reacción de Cristina su compañera es admirable, acaricia con ternura al animal susurrándole que aguante, que se acerca la marea, que falta poco........................
La espera de la pleamar se hace eterna. Por fin las primeras olas llegan a la ballena.
Todos los allí presentes contienen la respiración cuando esta comienza a moverse y abre su gran boca.
Los biólogos acompañados de bomberos, miembros de la Cruz Roja y buceadores voluntarios, entran con la ballena en el agua, tratan de dirigirla por la canal de la ría y que a través de esta pueda ganar el mar abierto.
Gerardo y Cristina comprueban con alarma que los latidos son cada vez más débiles.
-¡A ver esa lancha que se acerque!- se les oye decir-. Hay remolcarla con cuidado, ayudadla o no lo conseguirá por sí misma-.
Con la ayuda de la lancha de la Cruz Roja, intentan remolcarla mar adentro. -¡Así, despacio, un poco mas, ya esta, - son algunas de las expresiones que se pueden escuchar. -¡Vamos pequeña!-.
Poco a poco se alejan de la orilla pero cuando apenas han avanzado unos metros, cesan los latidos y el animal inerte flota muerto.
Después de una intensa lucha contra de mas de siete horas, el silencio y la desilusión se hacen evidentes entre todos los que han colaborado en el intento pos salvar la vida del rorcual, también entre el numeroso público que allí se había congregado. Lagrimas de rabia y de dolor asoman en los ojos de algunos, otros con sus puños golpean con furia en el agua y todos ellos se preguntan.
-¿Porque?-.
Todo ha terminado, Gerardo, Cristina, Mateo, Jorge y todos los que se encuentran allí, miran con tristeza como se aleja la embarcación que intento remolcar a la ballena y que lo hace ahora para llevar el cuerpo sin vida al muelle de Museo Marítimo de Santander, pues se ha decidido realizar la autopsia al cuerpo de animal, para tratar de averiguar la cusa de la muerte y varamiento del rorcual, esta se efectuara en las antiguas instalaciones de un astillero, además el esqueleto se preparara para su posterior conservación y exposición pública.
A la semana de la muerte del rorcual, se hace público el resultado de la autopsia, de la cual se han sacado las siguientes conclusiones:
En el cuerpo del rorcual se ha detectado una anormal delgadez, debía de llevar semanas sin alimentarse. En el interior de su estomago se encontró una masa de unos 50 kilos compuesta en su mayor parte por diferentes tipos de plásticos, esa masa obstruía el acceso al estomago (Píloro), impidiendo así la entrada de los alimentos en este. Esto explica que el animal falto de fuerzas, no pudiese evitar que el temporal le arrojase a la playa. En ella murió por asfixia debido a la presión de su propio cuerpo sobre el esternón.
Se puede asegurar que la masa de plásticos encontrada en su estómago fue arrojada al mar por una embarcación y que el animal trago estos confundiéndolos con un banco de peces.
Es muy triste y doloroso observar la muerte de un cetáceo en la playa, así como la de cualquier otro animal halla donde ocurra, pero más trágico es pensar, que esta y otras muertes parecidas han sido causadas por una negligencia humana.


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